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Carta a mi soulmate.

Uno no debe ser un genio para saber que a veces las almas gemelas vienen en el rol de amigos; relación que debe ser cuidada tal como cuidamos las relaciones amorosas. Les advierto, esto es una carta, cursi y llena de amor y admiración para una mujer maravillosa.
Tu amistad, Andrea, me ha salvado incontable número de ocasiones; haz sido mi roca con las despedidas inesperadas, en los momentos vergonzosos me ayudaste a relajarme y me enseñaste a reírme de mí misma, me has apoyado aún cuando no te lo he pedido porque así de bien me conoces, me has salvado de la soledad y aburrimiento.
Tu amistad me ha ofrecido una perspectiva fresca, siempre estás para compartir una risa, nuestras aventuras legendarias, las mejores noticias (las malas también), nuestras primeras veces, en resumen, eres la única persona con la que no temo ser vulnerable.
Ya perdí la cuenta de cuántas veces nos hemos sentado a hablar y a resolver nuestros mundos, con cerveza, cigarros y las canciones de nuestra adolescencia y aún con la distancia que nos separa, nunca me has dejado sola, eso es lo que más me encanta de nosotras.
Soy terca y necia y sé que muchas veces te han dado ganas de meterme un buen golpe para que deje de cagarla, sé que con muchos de mis comentarios parezco más tu mamá que tu amiga… por cierto ¿ya comiste? Me da ternura que siendo tan diferentes siempre hemos encontrado ese punto medio; que los días pueden pasar sin que hablemos pero al primer mensaje de “te necesito” o en el mejor de los casos “GOEY CHISME” estamos ahí, en nada.
Por eso, el día de hoy, siendo tu día, me gustaría pedirte que sigas en mi vida, pues no hay nadie más con quien quiera seguir arreglando y destrozando el mundo. Naturalmente eres la única persona que sabe todos mis secretos, no temo llorar ni reír en mis momentos más simples, porque bien sabes que eso de reírme por cosas absurdas se me da bien, no voy a ocultar que me aterra cuando me regañas, no tanto por el hecho que me regañes sino por mi temor a decepcionarte, eso es lo que me aterra.
He dicho que eres como una hermana, pero la verdad es que eres la mitad de mi alma. Con solo una mirada, una palabra o un comentario me adivinas el humor. Sabes qué hacer conmigo cuando yo estoy más que perdida y siempre eres honesta, nunca me dices lo que quiero escuchar, las cosas como son y sin pelos en la lengua.
Me has enseñado lo que es la empatía más pura. Te sientes feliz y me siento feliz, te sientes triste y me siento mal. Hemos estado en nuestros peores momentos, juntas. Nos hemos quebrado y nos hemos reconstruido, hemos recogido el desastre que otros dejaron. El mundo parece ser cada vez más difícil, pero contigo en mi vida sé que no hay nada con lo que no pueda lidiar. Me has ayudado a crecer, a saber quién soy, lo que quiero y lo mejor de todo, sin juzgarme. 
Me has preferido siempre y espero seguir compartiendo los mejores momentos de tu vida, seguir viendo tu crecimiento como la asombrosa mujer que eres. Aún nos faltan tantas risas, tardes con chela en mano, con canciones viejitas y tanto mundo por ver. Hay pocas cosas que me emocionan tanto como pensar en el día que estemos cotorreando y pensar “¿te acuerdas cuando soñábamos con esto?” y estar así, ahí viviéndolo contigo.
Decir gracias se queda corto, te amo por siempre. 
Paulina.

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