ansiedad, historia, Personal, salud mental

Una historia de salud mental.

Hoy es el último día de mayo y en caso de que no supieran, este mes es el mes de la salud mental, ya saben, tomar conciencia que es un pedo real y que hemos personas que vivimos con problemas reales que no necesitan ser minimizados por personas que no saben lo que es tener este tipo de enfermedades.
Hablando en mi caso personal, como ustedes saben, vivo con depresión y ansiedad. Mi depresión comenzó como algo causal. El divorcio de mis padres, naturalmente me afecto, mucho, pero creo que fue el mal manejo de esta situación lo que hizo que una pequeña bola de nieve se hiciera en lo que es hoy en día. Estamos hablando que cuando esto sucedió yo tenía 9 años, no fue sino hasta que cumplí 11 que decidí ir con una psicóloga. En todo ese tiempo la gente le decía a mi madre que yo parecía una niña triste (no shit) pero aun así no tuve esa ayuda que creo necesitaba.
Para mi corta edad, ya sabía o por lo menos tenía noción de muchas cosas, cosas que una niña de 9 años no debería saber.

En fin, no fue hasta que tenía alrededor de 12 que la situación se volvió más seria. Podríamos decir que esta pequeña bola de nieve comenzó a avanzar, a crecer. No sabría decirles si la pubertad y los cambios emocionales y todo esto afecto, pero en definitiva para cuando estaba en secundaria, comencé a lesionarme, primero en los brazos, después comencé a cuidar más en dónde lo hacía, la gente habla y quería evitar que dijeran cosas sobre mí y mis heridas. En estas fechas fue cuando comencé a reconocer pensamientos que me hacían sentir inquieta, insegura, pensamientos demasiado negativos inundaban mi cabeza de golpe, pero debido a que solo ocurría en ciertos momentos, no le presté la atención debida, de nuevo.
Comencé a ver luz y a salir, o por lo menos eso creía, hasta que entré a la prepa. Las heridas se detuvieron, pero cambié todo eso por fiestas y eventualmente por el alcohol. Quiero aclarar que no, nunca me he considerado alcohólica ni nada de ese tipo. Pero las cosas como son; no bebía para pasarla bien con mis amigos, no bebía por presión ni nada de eso, bebía porque quería adormecer mis sentidos, quería no sentir esa constante nube gris sobre mí. 


Cumplí 17 y fue cuando todo se fue a la mierda, de nuevo. Deje de comer. Así sin más, aun cuando sabía que no estaba gorda, pero esos pequeños problemas que había dejado pasar, sumado a la presión de ser “más” me llevo a tomar malas decisiones las cuales me llevaron a tener una mala percepción de mi propio cuerpo. Fue entonces cuando comencé con las llamadas carreras, buscaba blogs que motivaran a las chicas a dejar de comer, que bajaran de peso, trucos para evitar comer y que comidas tenían menor cantidad de calorías. Era un infierno uno del que no quería salir. Me metí a estudiar idiomas por la tarde, al gimnasio, teatro. Todo con tal de evitar comer con mi familia.
El tiempo pasó y cuando fue hora de mudarme a puebla me condicionaron, que debía llegar a comer en casa para que me dieran ese permiso, algo así como darle esa tranquilidad a mi madre. Lo hice, subí un poco de peso y entraba en pánico, veía mis fotos con mis amigos y sentía miedo cada vez que mi cadera se veía un poco más ancha o si salía de perfil que la pancita se notara. Eso no me detuvo de irme de Tabasco. Tiempo después, antes de entrar a clases en puebla me di cuenta de lo absurdo que era entrar a estudiar gastronomía cuando yo no comía. Así que comencé a comer, me di cuenta que estas pequeñas cosas no me importaban tanto como antes y una vez más, sentí esa extraña paz.
El tiempo pasó y todo parecía ir bien, no depresión, no ansiedad, no preocuparme por esa nube gris sobre mi cabeza porque al parecer ya no existía. Hasta que volvió y fue peor que nunca antes.
Comencé a temer de todo lo que comía, comencé a temer por los medicamentos que me mandaban, tenía miedo de estar sola en casa porque qué tal si moría y nadie se iba a dar cuenta, así que me iba a casa de mis amigos a dormir, pero naturalmente, salir de casa era un infierno porque la gente, los vehículos, todo me daba miedo, vivía con una ansiedad constante que no desaparecía y no sabía qué hacer para regresar a mi normalidad. Fue entonces cuando hice un viaje a la ciudad de México, todo bien hasta que fue hora de regresar por mi cuenta a puebla. Eso implicaba tomar el metro, sola. Esa noche no pude dormir, tuve mi primer ataque de pánico, no fue hasta que estuve llorando y vomitando que mi madre decidió que me iría a tabasco con ella. Asi que un simple viaje de dos horas de la CDMX a puebla se convirtió en un viaje de 12 horas a tabasco, descansar y esa misma noche hacer un viaje de 10 horas a puebla. No lo intenten, no es agradable.

Podría decir que esa fue la forma en la que toqué fondo, porque no creo realmente haber llegado a ese punto aún. Comencé a buscar ayuda profesional, de personas que me decían que debía tomar medicamentos que me hacían sentir zombie todo el día, otras que me mandaban a meditar y practicar yoga y otros que simplemente me escuchaban y me decían que la solución estaba en mí. Al final decidí que sí, la solución está en mí.
Actualmente ya no vivo con el tabú de que si tengo un problema con mi salud mental no debo estar avergonzada de ello y creo que eso se lo debo a mis padres que como buenos médicos me han enseñado que no hay porque sentirse avergonzado por estar enfermo. No, no estoy llegando con ningún tipo de terapeuta y sí, hay días que de verdad no dejo de ver la nube gris, pero me he topado con increíbles personas en mi vida que constantemente me recuerdan que puedo acudir a ellos por apoyo. Mi familia ha aceptado que no, no son berrinches, no es que esté emputada con la vida, tengo la plena confianza de escribirles en cuanto tengo un ataque de ansiedad y naturalmente no me puede faltar una buena taza de té.

Les comparto mi pequeña historia sobre mi salud mental y el cómo se ha ido deteriorando a través del tiempo por la vergüenza o por dejarlo para luego, para que ustedes no hagan lo mismo.

Crear conciencia sobre este tipo de situaciones, saber reconocerlas y buscar la ayuda necesaria.
Recuerden seguir siendo fabulosos 
Besos.

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