crecer, divorcio, Personal, Vida

Ser un niño del divorcio.

En muchas entradas he mencionado el divorcio de mis padres, pero nunca he escrito sobre lo que fue ser una niña del divorcio. 
Era verano del 2001, me encontraba en Tabasco visitando a mi familia materna, mi madre había regresado al DF para pasar unos días con mi padre y posteriormente recoger a mi hermano que regresaba de Canadá. No recuerdo cuanto tiempo pasó pero nunca nadie mencionó frente a mí que mis padres se habían separado. Recuerdo regresar a casa y ver unos zapatos y los dos primero libros de Harry Potter. Mi madre me dijo que ella y yo nos mudaríamos a Tabasco, desde ese día hasta el día en que nos fuimos a Villahermosa, mi padre no llegó a dormir a casa. Con toda honestidad no recuerdo mucho de mi vida hasta que salí de primaria.
Recuerdo el rechazo que viví el primer año que estuve en Villahermosa, comenzando por la parte en que varios de mis compañeros me consideraban fresa solo por ser del DF y después naturalmente el rechazo por tener padres divorciados. Por ejemplo, le prohibieron a una compañera juntarse conmigo solo por la situación que vivía. Recuerdo las miradas llenas de lástima por parte de varios familiares y lo mucho que trataban por no hacer comentarios que me pudiesen afectar.
Es difícil crecer en un hogar diferente, aún más cuando estás acostumbrado a algo y de un día para otro eso acaba. Pero es más difícil escuchar a toda esa gente que creen saber por lo que estás pasando. En más de una ocasión me han pedido que hable con los hijos de algún matrimonio fallido, suelo rehusarme porque cada situación es diferente y difícil en su propia forma. Esta gente que quiere hablar para hacer sentir mejor a los niños del divorcio no se dan cuenta que estamos cansados de escuchar a gente que cree saber por lo que pasamos, queremos ser escuchados como seres humanos y no pacientes de algún psicólogo. 
Es difícil al inicio, con el tiempo te acostumbras, si fuiste niñ@ del divorcio quizá estés de acuerdo, quizá no. Cada quien tiene su historia, pero al final del día recuerda “Seguro que hay sol mañana”.

Besos,
Paulina.

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